La firma, una de las más icónicas del país, no soportó el modelo económico actual y decidió cerrar y despedir a más de 100 personas.
Durante años, Aires del Sur fue uno de los casos que la industria electrónica de Tierra del Fuego mostraba como ejemplo de expansión local. Desde su planta de Río Grande fabricaba aires acondicionados, ventiladores y equipos de climatización que llegaban a cadenas de retail y distribuidores de todo el país bajo las marcas Electra y Fedders. Hoy, esa historia terminó en quiebra.
La caída de la compañía, oficializada tras la resolución del Juzgado Civil y Comercial N°1 del Distrito Judicial Norte de Tierra del Fuego, no aparece solamente como el fracaso aislado de una empresa. El expediente deja al descubierto los problemas que atraviesan a buena parte del entramado industrial fueguino: costos financieros imposibles de sostener, consumo deprimido, dependencia de insumos importados y un escenario de mayor apertura comercial que cambió las reglas de juego para el sector.
En febrero, la propia firma pidió su quiebra al admitir un cuadro de “cesación de pagos irreversible”. Para entonces, la planta ya estaba paralizada, había salarios adeudados y más de 140 trabajadores enfrentaban la pérdida de sus puestos. Detrás del colapso aparece también un dato que empieza a repetirse en distintos balances industriales: producir localmente dejó de cerrar económicamente para varias compañías del rubro.
Según detalló la administración que tomó el control de la empresa a fines de 2025, el esquema operativo de Aires del Sur dependía de una lógica financiera cada vez más difícil de sostener. La compañía vendía equipos anticipadamente, descontaba cheques para conseguir liquidez y utilizaba esos fondos para importar componentes necesarios para la producción.
El problema fue que el costo financiero empezó a devorar completamente el negocio. Mientras las tasas locales rondaban entre 25% y 30%, los márgenes operativos de la empresa quedaban muy por debajo. El resultado fue una estructura que acumuló pérdidas, endeudamiento y falta de capital de trabajo.
La situación refleja uno de los principales dilemas que enfrenta actualmente la industria argentina: muchas compañías quedaron atrapadas entre costos locales elevados y una competencia importada cada vez más agresiva.


























