El sobrino del condenado Adrián Molaro se abstuvo de declarar y fue imputado de homicidio agravado. Este miércoles fiscalía solicitará una medida de coerción.

Lautaro Molaro, de 21 años, fue detenido luego de que se encontrara un arma calibre 9 milímetros oculta entre su casa y una vivienda vecina deshabitada en la localidad de Cerrito. Todo indicaría que se trata de la pistola reglamentaria robada a una soldado voluntaria del Ejército en Paraná, a principios de diciembre de 2025.

Molaro, que había trabajado en la Fuerza Aérea de Paraná y se retiró por motivos personales, enfrenta ahora una acusación más grave: los investigadores sospechan que esa misma arma pudo haber sido utilizada en el homicidio de Luciano Emeri, de 26 años, ocurrido el miércoles 4 de febrero en uno de los accesos a Cerrito, cerca de la reserva natural.

Tanto Sotelo como Molaro están complicados. La gran cantidad de pruebas que recolectó la policía provincial a través de la División Homicidios deja a los dos acusados al borde de no salir más de prisión.

El robo del arma
El hecho que originó la investigación se produjo en el interior de la Segunda Base de Fuerza Aérea, ubicada en avenida Jorge Newbery 3820 en Paraná. La joven militar fue interceptada durante la madrugada del 7 de diciembre, cuando se dirigía al baño. Dos encapuchados la golpearon en el rostro y le sustrajeron el arma reglamentaria, huyendo por calle Salellas.

Siempre llamó la atención el conocimiento del predio que tenían los audaces delincuentes. Por eso los investigadores Federales venían posando la mirada sobre exintegrantes de la fuerza.

El crimen de Emeri
Según la hipótesis fiscal, tras asesinar a Emerí y balear al perro que lo acompañaba —que murió unos 200 metros más adelante, dejando un reguero de sangre—, los acusados trasladaron el cuerpo en dos vehículos: Molaro habría conducido un Ford Fiesta con la víctima al lado, mientras que Juan Pablo Sotelo, también de 21 años, se desplazaba en una camioneta. Ambos acusados viven en casas enfrentadas en calle Colón, en Cerrito. Recorrieron unos dos kilómetros hasta la zona detrás de los piletones cloacales, donde prendieron fuego el auto y se fueron.

Por desprolijidad o desconocimiento no se percataron que Cerrito tiene cámaras de seguridad en todos los accesos. Además en todos los lugares donde estuvieron dejaron una vaina servida.

Se supo que el perro no tenía el proyectil en el cuerpo, ya que tenía orificio de entrada y salida. No se descarta que el plomo aparezca en la zona.

El fiscal Laureano Dato imputó a ambos por homicidio agravado criminis causa, delito que contempla la pena de prisión perpetua. Molaro se abstuvo de declarar en la audiencia, mientras que Sotelo ya fue enviado por 30 días al penal. Este miércoles se definirán las medidas de coerción para Molaro.

 

 

 

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